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PENA CORNEIRA

Donde hubo un castillo

Como una gran ballena blanca emergente de un mar de abedules y robles, la Pena Corneira, más vieja que nada, con más de trescientos millones de años a sus espaldas, permanece orgullosa y paciente viendo pasar los años y las épocas. Es uno de los símbolos del Ribeiro y fue desde siempre estrella Polar, punto de referencia, de los habitantes del contorno. El paraje que la enmarca es de una gran belleza. Fuentes de agua cristalina y bolos graníticos de variados tamaños abren paso a los soñadores que buscan oxigenar el cuerpo y el alma, por alguna de las modernas rutas de senderismo de sus alrededores. Lugar sin explorar que sin duda alberga bajo sus capas de tierra importantes vestigios de comunidades humanas prerromanas.

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En una de las laderas se encuentra la iglesia de Santa María de Lamas, de reducidas dimensiones, muy sencilla, de estilo románico de transición, y un cruceiro de época posterior pero antiguo. Cuando hace años descubrimos este paraje, conservaba el encanto de lo desconocido, oculto y olvidado, sin apenas señales de la mano del hombre. Un campo verde rodeaba el cruceiro, y por los viejos muros circundantes del recinto, crecía a discreción el hipérico o planta de san Juan, que en junio los teñía de amarillo chillón. Pero Lamas también se vio afectada por la era del cemento y las reformas. Así, el lugar perdido en lo alto fue contaminado con el virus de las “áreas recreativas”, y de la noche a la mañana los senderos de corzos y erizos se trocaron en paseos artificiales con barandillas de madera. Una profanación, que solo puede arreglar la crisis y el tiempo, ese gran artífice encargado de poner las cosas en su sitio.

En sus proximidades estuvo enclavado el castillo de Pena Corneira, que pertenecía a la “Castela de Rivadavia” donde tuvieron lugar algunos episodios importantes de la historia de Galicia. Allí llevaron en el 1111, entre otros personajes, al rey niño Alfonso VII que había sido secuestrado en Castrelo de Miño, y a la condesa de Traba. Unos años después, el conde de Traba fue derrotado en el mismo lugar de Pena Corneira en el transcurso de una escarmuza contra la reina doña Urraca, por imponer en el trono al hijo de esta.

De regreso a Leiro, hacemos un alto en Paredes. Recorremos la ruta de los molinos y charlamos con dos parroquianas de edad, que toman el sol al lado de los hórreos recién restaurados. Nos hablan del pasado, de cuando trabajaban de sol a sol, de esa época colgada en los museos etnográficos. Sus palabras rezuman nostalgia de otros tiempos, de cuando eran jóvenes y cavaban sus terruños al son de sus canciones.

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