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MONASTERIOS, LIBROS, REFLEXIONES Y MIRADAS

“Claustra sine libraria, sicut castra sine armamentaria”. Así se resumía en latín la certeza de que los monasterios han sido oasis de cultura, en un tiempo de iletrados y sino de desprecio al menos de indeferencia hacia eso que llamamos cultura y que por supuesto es más amplio que el capítulo de la escritura y de los libros, pero también no es menos cierto que los libros, mansos en su apariencia, compañeros silenciosos de tantas soledades y medicina eficaz contra nostalgias, son la mejor señal de cultura.

Bibliotecas

Los monasterios, nuestros monasterios: Oseira, Celanova, Montederramo, Melón… tuvieron desde los lejanos comienzos de su historia códices, preciados tesoros manuscritos e iluminados con bellas miniaturas. Conocemos por viejos inventarios la existencia de estas bibliotecas medievales, cuando un libro era una apetecida herencia y luego la incensante llegada de obras desde que la imprenta hizo más fácil la comunicación de los saberes.

Libro coral del monasterio de Celanova

Libro coral del monasterio de Celanova

Los inventarios de la desamortización se alargan en detallar obras de todas clases: teología, historia, literatura… La pena es que la mayor parte de toda aquella preciosa asamblea de saberes se ha perdido, tras el incendio de la Biblioteca pública de Ourense a donde recalaron o víctimas de la desidia y del olvido los que habían permanecido en los deshabitados edificios.

Del monasterio de Oseira se conservó parta del hermoso mueble barroco, que por milagro de los actuales monjes recuperado y completado, vuelve a llenar el espacio silente destinado a Biblioteca, que simbólicamente tenía ornado su acceso con el perfil de un buho símbolo de la sabiduría.

En Celanova la estancia dedicada a la Biblioteca, que tuvo un Beato y un códice con el Viaje de Egería, que de conservarse serían dos monumentos de grandisimo precio, es una nave con bóveda de casetones y grandes anaqueles a lo largo de las paredes, infelizmente vacíos de aquellos contenidos.

Escritores

Pero no solamente hubo libros que otros escribían y los monjes leían dentro de los espacios que la Regla de San Benito dice deben existir para la Letio Divina, sino que nuestros monasterios también conocieron escritores, cuyo elenco daría un cumplido diccionario.

Simplemente evocar con la gratitud de los que sabemos el valor de la palabra escrita, a dos que dedicaron tiempo al estudio y a la investigación. El P. Tomás Peralta en Oseira, que escribió y publicó  en 1677, la historia de aquel monasterio y en Celanova el Padre Fray Benito de La Cueva, también autor de una historia de su casa monástica que quedó manuscrita y cuya edición publicaremos este año con motivo de las celebraciones del MC aniversario de san Rosendo.

Pero por supuesto hubo muchos más que aportaron preciosas páginas de todo tipo desde la soledad fecunda de los claustros.

Artistas

Cuando la cultura se hace belleza y armonía los Monasterios son uno de los más importantes regalos para el mundo. La belleza silenciosa de la arquitectura, la policromía cálida de la pintura, la presencia de la música, la compañía casi humana de la escultura. Los monjes amaron el arte y fueron mecenas de artistas, y ahí nos dejaron esa herencia que en Ourense es tan intensa, pero también es interesante resaltar la existencia de monjes artistas, ayer y hoy. En Celanova fue arquitecto de primer orden en el siglo XVIII Fray Plácido Iglesias, al que se debe el cuerpo alto del claustro procesional y que también realizó obras en diversas iglesias de Ourense como la preciosa fachada de Santa Eufemia en la Capital.

Y hoy en el único monasterio que Ourense mantiene vivo, el monasterio cisterciense de Oseira el Hno. Luis María, prolonga con las obras felices de sus manos esta vinculación del arte con los monjes.

Música

La música, esa belleza de sonidos que regala al alma tantas dichas, también es patrimonio de los monasterios. La alabanza divina se hizo doble plegaria con el regalo de la armonía. Si el gregoriano lo unimos espontaneamente a la liturgia de los monjes, también la policromía de la polifonía tuvo entre ellos presencia y ahí están los órganos de los que lamentablemente solo ha llegado con voz el de Celanova. Hubo buenos músicos benedictinos y espléndidos organeros, aunque el de Celanova lo hizo el franciscano Fray Felipe dela Peña.

Si la cultura es todo esto y por supuesto más, la cultura es camino de paz, de diálogo, de respeto, de belleza. Sobre el rescoldo de nuestros monasterios en ruinas o depredados y sobre el cálido fuego de los que siguen vivos,  dejemos que la memoria y la mirada se enciendas de esa primavera que con la belleza anuncia la paz.