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LAS TORRES DE LA LIMIA

En un principio eran cuatro castillos defensivos. En el pueblo de A Forxa, capital del municipio de Porqueira, se encuentra su emblemática torre, la mejor conservada de las tres que mantienen en pie su estructura. De la de Celme, enclavada en un montículo próximo, no quedan ni las ruinas. Las de Sandiás y A Pena siguen guardando lo que queda de la antigua laguna, hoy desecada, parcelada y convertida en llanura sin fin.

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Según Viceto, fueron construidas por los suevos y destruidas en el transcurso de las abundantes contiendas. Los godos volvieron a ponerlas en pie y erigieron en condado cada una de las jurisdicciones. Con la llegada de los árabes estas cayeron bajo sus dominios hasta que, tras largas y encarnizadas luchas, los cristianos las reconquistaron.

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Estas cuatro torres formaron parte de fortalezas en su etapa de esplendor y fueron, durante siglos, el sistema frontal de los castillos de A Limia. La de A Forxa, cabecera del municipio de Porqueira, conserva la torre con ventanal de arco y puerta elevada a la que se accede por escaleras. Mantiene la estructura primitiva y está coronada de ménsulas. En un período de la Edad Media el recinto albergó un monasterio de jerónimos con iglesia y claustro. En el siglo XVII el padre Sarmiento en sus viajes a Ourense pasó por la zona y relata que había “un alto castillo”. En el monte de Celme, justo enfrente, estuvo emplazada la cuarta fortaleza.

La de A Pena, ubicada sobre el montículo rocoso a quien debe su nombre, guardaba la portilla del lado portugués de la laguna. Hoy solo queda la torre del homenaje que conserva las ménsulas que en otro tiempo sostuvieron el almenaje. Desde lo alto se contempla una panorámica espectacular de la llanura de A Limia perdiéndose en el infinito. El fuerte viento del oeste que hay que soportar es el único peaje que se exige al viajero.

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La de Sandiás guarda en sus piedras muchos secretos de nuestra historia. Alfonso Enríquez, el Duque de Lancaster e incluso el controvertido Pedro Madruga y los hermandinos tuvieron mucho que ver con el castillo, alrededor del cual se tejieron historias de traiciones, muertes, amores y desamores que perviven en el tiempo. En la actualidad sólo se mantiene en pie la mitad, que permite apreciar los tres metros de espesor de sus muros. A corta distancia de esta torre discurre la carretera construida sobre el trazado original de la Vía Nova.

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