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FRAY DAMIÁN YÁÑEZ, LA HUMILDAD HECHA PERSONA

Ayer volví a Oseira. Su imagen majestuosa desde la penúltima curva aún sigue en el archivo de mi retina desde la primera vez que fui. Lo que sentí al llegar y tocar aquellas piedras impregnadas de tanta historia, acariciadas con los sones de los rezos de los monjes, también sigue latente en mi corazón. De vez en cuando siento la necesidad de volver y revivir esos sentimientos no sé si místicos o qué; sobre todo en invierno, cuando la bruma se hace dueña del valle y los rayos del sol tienen prohibido el paso.

Fray Damián Yáñez Neira

Fray Damián Yáñez Neira

Hace unos meses, a propósito del Congreso sobre el Císter conocí al padre Damián Yánez Neira a quien respeto y admiro, por su humildad y gratitud, por su gran amor a la orden y por lo mucho que está haciendo por Oseira. Había leído algunos trabajos suyos y valoraba su gran mérito al escribir para expertos y especialistas del mundo del arte, y su virtud camaleónica a la hora de divulgar los mismos temas para los menos avezados en esta parcela, si no elitista, sí un tanto exclusiva y privilegio de pocos.

Lo imaginaba en medio de libros, manuscritos, tumbos, muy celoso de su tiempo y… por qué no decirlo, algo pedante, como muchos eruditos, que no sé por qué razón, tienen un poco perdida la medida de las cosas y andan sólo a lo suyo, “como levitando”. Que me perdonen los que se sientan aludidos pero no es éste el caso del padre Damián, no. Todo lo contrario. Sí está rodeado de libros y de papeles, de su ordenador y de su impresora, pues a pesar de sus 88 años y medio, no quiso renunciar a las nuevas tecnologías que, dicho sea de paso, no impiden el cumplimiento de la estricta observancia que siguen en la abadía. Es una herramienta de trabajo como la azada, le digo mientras hablamos en su rincón, y asiente moviendo los brazos como acostumbra. Por la ventana del despacho entra el sol de las seis de la tarde de agosto. Un humilde cartón doblado, que en su día fue caja de algo, sirve de cortina amortiguando el golpe de los rayos. Ni el propio san Esteban le hubiera ganado en austeridad en este caso.

Los cistercienses se reúnen siete veces al día para rezar, como manda la Regla. El resto del tiempo fray Damián está recluido en su “leonera”, como él llama a su despacho, investigando en los viejos libros y escribiendo, aunque también hace algún que otro trabajito en la huerta. Está plenamente activo, con ilusión y muchas cosas pendientes, entre ellas, la historia del Císter pero dice que son muchos años. “Estoy muy mayor”, me confiesa. No lo parece. Su rostro es casi atemporal. Su caminar tampoco es el de un viejo aunque a veces dice que se cansa al subir al segundo piso. Su mente está muy lúcida y al día en las noticias del mundo.

Fray Damián es, aparte de un estudioso, un gran organizador. Ya en 1942 tomó parte en la fundación de San Pedro de Cardeña, en Burgos. A él se debe la organización en 1953 del Centenario de san Bernardo en Valencia y del VIII centenario de la fundación del monasterio de Gradefes, León, en 1969. En 1981, con motivo del XV centenario del nacimiento de san Benito, promovió un congreso internacional en Ourense; y en el 1991colaboró en la organización de otro congreso en Ourense sobre el Cister en Galicia y Portugal. Esto es sólo una pequeña muestra.

A la pluma de fray Damián se deben importantes trabajos de índole espiritual e histórica, algunos de ellos sobre el Cister portugués. A él se debe también la reimpresión en facsímil de la obra Historia del Monasterio de Oseira, de fray Tomás Peralta, publicada en 1677, y su continuación hasta nuestros días, en tomo aparte. Con Miguel Ángel González, archivero de la catedral de Ourense, escribió El Monasterio de Oseira, Historia y Arte. El padre Yánez ha colaborado en algunos diccionarios, en la Gran Enciclopedia Gallega y lo hace asiduamente en revistas de ámbito nacional e internacional.

Su talla como investigador histórico y escritor está más que probada. Sin embargo, este monje zamorano, de Morales del Rey, es tan humilde que cuando le digo que voy a dedicarle un artículo me dice que no, que no lo merece, que él no tiene grado académico. En verdad, sólo puede hablar así un auténtico sabio. ¡Alguien que desde su ingreso en el Cister se pasa la vida investigando y publicando trabajos sobre la orden, que es especialista en la Congregación de Castilla y que ha puesto su firma en tantas obras… me dice que no tiene grado académico! Lo dicho: Solo un humilde sabio puede hablar así.

Al padre Damián Yáñez Neira le debe Ourense y España entera la creación de la biblioteca y el archivo de los que carecía el monasterio de Oseira desde que los salvajes aprovechados de la Desamortización se llevaron en carros de bueyes códices, libros, pergaminos y cuanto había de valor histórico. Gracias, padre Yánez.