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ECOESPACIO DO REXO

Una sinfonía de color

Piedras gigantes pintadas de colores, árboles con lunares y rayas sugestivas, ovejas lanudas, queso fresco, olor a naturaleza mística retocada por la mano del hombre para una perfección soñada. El artista Agustín Ibarrola ha llevado a cabo la original idea de transformar un campo olvidado en un museo a cielo abierto. Está situado en la parroquia de Requeixo de Valverde, pueblo de piedra encaramado en un alto del que emergen las espléndidas torres de la iglesia parroquial, en la ruta de Xunqueira de Ambía.

web_piedras vivas

Un desvío a la izquierda nos invita a bajar la pendiente de apenas cincuenta metros. El recorrido bien merece la pena pues nos vamos a encontrar con algo diferente. El Ecoespacio do Rexo es una especie de museo viviente al aire libre, con los colores del arco iris y las formas brutas de la piedra gallega como protagonistas. Sus pinturas y esculturas, más que estar colocadas parecen nacer del propio campo de hierba verde; como los árboles, como las flores y como el agua. La del canal y la del río, que se remansa para que los bañistas se refresquen con unos chapuzones. Los árboles de la vera, pintados también de colores parecen querer enmendarle la plana al Creador. Las grandes piedras de pizarra y granito, tan propias del paisaje galaico llevan marcados los surcos de los barrenos que las hicieron libres y únicas, separadas de la madre mole. Así, después de conquistar la individualidad, compiten en formas y símbolos conviviendo con las ovejas morenas de melena larga que pastan tranquilas ante el asombro de los visitantes. Niños y adultos con el alma clara; grupos de gente de aquí y de allá que compran queso y escuchan atentamente las palabras de algún técnico. En el Ecoespazo do Rezo nada está por estar. Todo tiene una causa y un fin. Es un mensaje en tres dimensiones dirigido al hombre tecnópata y deshumanizado de hoy, tan ávido de poseer, de consumir y de malgastar, sin importarle que nada le pertenece, que todo es prestado y que hay que dejarlo en condiciones para la vida futura, humana, animal, vegetal y mineral. Quiere decirnos el artista arquitecto de tan singular enclave que el ser humano puede vivir y prosperar respetando el entorno y  gozando de él; que todo es compatible, incluso la creación de la belleza. Lo útil, en contra del aserto clásico, también puede ser bello. Por eso el artista ha creado un microcosmos en el que se integran armónicamente una minicentral hidráulica, un pequeño rebaño de ovejas productoras de leche y queso, y ha maquillado con los colores del arco iris las moles graníticas y los troncos de los árboles que flanquean el río.

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